La imitación de Cristo en la liturgia

LA IMITACIÓN DE CRISTO
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Pero, vaya por Dios nunca mejor dicho , no se atienen a la liturgia establecida. Por lo visto, dan de comulgar con rosquillas en lugar de con hostias. Si nos traen bizcochos, con bizcochos; si galletas, con galletas. Pero la Iglesia es inflexible en esto del trigo. De hecho, los niños que tienen alergia a uno de los componentes de esa harina no pueden tomar la comunión. De este modo, el Vaticano coloca el rito por encima de la verdad, como les ocurre a las personas con patologías obsesivas.

Entre tanto, los curas rojos dicen que piensan seguir imitando a Cristo. Compartir en Twitter. Maravilla es que el hombre se pueda alegrar perfectamente en esta vida, considerando su destierro, y pensando los peligros de su alma. Por la liviandad del corazón, y por el descuido de nuestros defectos, no sentimos los males de nuestra alma; mas muchas veces reímos, cuando deberíamos llorar. No hay verdadera libertad, ni buena alegría, sino en el temor de Dios con buena conciencia. Bienaventurado aquel que puede desviarse de todo motivo de distracción y recogerse a lo interior de una santa compunción.

Bienaventurado el que renunciare todas las cosas que pueden mancillar o agravar su conciencia. Pelea como varón; una costumbre vence a otra. No te ocupes en cosas ajenas, ni te entremetas en las cosas de los mayores. Si no eres favorecido de los hombres, no te entristezcas.

La imitación de Cristo

Dete pena el que no tienes tanto cuidado de mirar por ti, como conviene al siervo de Dios y al devoto religioso. Cuando el hombre tiene perfecta contrición, luego le es grave y amargo el mundo entero.

Materia de justo dolor y entrañable contrición son nuestros pecados y vicios, en que estamos tan sumergidos, que casi no podemos contemplar lo celestial. Si pusieses también delante de tu corazón las penas del infierno o del purgatorio, creo que de muy buena gana sufrirías cualquier trabajo y dolor, y no rehusarías ninguna aspereza, mas como estas cosas no penetran al corazón, y amamos siempre el regalo, nos quedamos fríos y perezosos. Muchas veces la falta de espíritu hace que se queje con tanta facilidad el cuerpo miserable. Consideración de la miseria humana.

No hay hombre en el mundo sin tribulación o angustia, aunque sea Rey o Papa. Ciertamente el que puede padecer algo por Dios. Verdadera miseria es vivir sobre la tierra. Porque el comer, beber, velar, dormir, descansar, trabajar, y estar sujeto a las necesidades naturales, en verdad es grandísima miseria y pesadumbre al hombre devoto, el cual desea ser desatado de este cuerpo y libre de toda culpa.

Porque hay algunos tan apegados a ella, que aunque con mucha dificultad, trabajando o mendigando adquieren lo necesario, si pudiesen vivir aquí siempre, no se cuidarían del reino de Dios. Los Santos de Dios, y los devotos y amigos de Cristo no tenían cuenta de lo que agradaba a la carne, ni de lo que florecía en esta vida temporal; mas toda su esperanza e intención se dirigía a los bienes eternos. Todo su deseo se elevaba a lo que permanece y que no se ve, porque no fuesen abatidos hacia lo ínfimo con el amor de lo visible.

No quieras, hermano, perder la esperanza de aprovechar en las cosas espirituales; aun tienes tiempo y hora para ello. Conviene que pases por fuego y por agua, antes que llegues al descanso. De buena gana descansaríamos de toda miseria; mas como perdimos la inocencia con el pecado, perdimos con ella la verdadera felicidad. Por eso nos importa tener paciencia, y esperar la misericordia de Dios, hasta que se acabe esta malicia que reina ahora, y la vida destruya a la muerte. Hoy confiesas tus pecados, y mañana vuelves a cometerlos. Ahora propones de guardarte, y de aquí una hora obras como si nada hubieras propuesto.

Con razón nos podemos humillar, y no sentir de nosotros cosa grande, pues somos tan débiles y tan mudables. Por cierto, presto se puede perder por descuido, lo que dificultosamente y con mucho trabajo se ganó por la gracia. Bien sería que aun fuésemos instruidos otra vez, como niños, en buenas costumbres, si por ventura hubiese alguna esperanza de enmienda, y de mayor aprovechamiento espiritual.

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Del pensamiento de la muerte. Hoy es el hombre, y mañana no parece. Así deberías conducirte en toda acción y pensamiento, como si luego hubiese de morir. Si tuviese buena conciencia, no temerías mucho la muerte. Mejor fuera evitar los pecados que huir de la muerte.

La larga vida no siempre corrige, antes muchas veces añade pecados. Muchos cuentan los años de su conversión; pero muchas veces es poco el fruto de la enmienda. Bienaventurado el que tiene siempre presente la hora de la muerte, y se prepara cada día a morir. Si viste morir a alguno, piensa que por aquel camino has de pasar. Pocos se enmiendan con la enfermedad; y los que hacen muchas romerías, pocas veces son santificados.

Mejor es ahora con tiempo prevenir algunas buenas obras que envíes adelante, que esperar en el auxilio de otros. Trata ahora de vivir de modo, que en la hora de la muerte puedas antes alegrarte que temer. Aprende ahora a morir al mundo, para que después comiences a vivir con Cristo. Aprende ahora a despreciar todas las cosas, para que entonces puedas ir libremente a él. Castiga ahora con paciencia tu cuerpo, para que entonces puedas tener segura confianza. Ahora que tienes tiempo, atesora riquezas inmortales, no pienses sino en tu salvación, y cuida solamente de las cosas de Dios.

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Ahora tu trabajo es fructuoso, tu llanto aceptable, tus gemidos se oyen, tu dolor es satisfactorio. Él se hace violencia muchas veces, y procura sujetar del todo su carne al espíritu. Mejor es ahora purgar los pecados y cortar los vicios, que dejar su expiación para lo venidero. Por cierto, nosotros nos engañamos a nosotros mismos por el amor desordenado que nos tenemos.

La imitación de Cristo – Paulinas Colombia

Allí no hay sosiego ni consolación para los condenados; mas aquí algunas veces cesan los trabajos, y consuelan los amigos. De verdad no puedes tener dos gozos, deleitarte en este mundo, y después reinar en el cielo con Cristo. Porque todo es vanidad, menos el amar y servir a Dios solo.

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Por eso, en la celebración de este misterio crece, se basa y se perfecciona nuestra vida religiosa como vida por Cristo, en Cristo y con Cristo ante Dios Padre. Muchos buscan secretamente su propia comodidad en las obras que hacen, y no lo entienden. Así conviene que sea; y no hay otro remedio para evadirse del dolor y de la tribulación de los males sino sufrir. También algunos al principio le ofrecen todo, pero después, combatidos por la tentación, se vuelven a las cosas propias, y por eso no aprovechan en la virtud. Meditaciones Devotísimas del Amor de Dios P. Los Mandamientos P.

Porque los que aman a Dios de todo corazón no temen la muerte, ni el tormento, ni el juicio, ni el infierno. El amor perfecto tiene segura la comunicación con Dios, mas quien se deleita en pecar, no es maravilla que tema la muerte y el juicio.

De la fervorosa enmienda de toda nuestra vida. Vela con mucha diligencia en el servicio de Dios, y piensa de ordinario a qué viniste, y por qué dejaste el siglo. Detiene a muchos el fervor de su aprovechamiento el temor de las dificultades o el trabajo de la batalla.

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Estudia también en vencer y evitar lo que de ordinario te desagrada en tus prójimos. Mira que te aproveches donde quiera; y si vieres y oyeres buenos ejemplos, anímate a imitarlo. Acuérdate del propósito que hiciste, y pon delante de ti la imagen del Crucifijo. El religioso fervoroso acepta todo lo que le mandan, y lo lleva con paciencia.

El negligente y perezoso tiene tribulación sobre tribulación, y de todas partes padece angustia, porque carece de la consolación interior, y no le dejan buscar la exterior.

El religioso que vive fuera de la disciplina se expone a caer gravemente. Salen pocas veces, viven retirados, comen pobremente, visten groseramente, trabajan mucho, hablan poco, velan largo tiempo, madrugan mucho, tienen continuas horas de oración, leen a menudo y guardan en todo la disciplina. Mira cómo los de la Cartuja y los del Cister, y los Monjes y Monjas de diversos órdenes se levantan cada noche a alabar al Señor. Entonces, ni se alegra en lo mucho, ni se entristece por lo poco, sino que se pone entera y fielmente en manos de Dios, el cual le es todo en todas las cosas, y para el cual ninguna cosa perece ni muere, mas todas viven y le sirven sin tardanza.

Mayor trabajo es resistir a los vicios y pasiones, que sudar en los trabajos corporales. El que no evita los defectos pequeños, poco a poco cae en los grandes. Vela sobre ti, excítate y amonéstate a ti propio. Sea de los otros lo que fuere, no te descuides de ti.

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Avisos para el trato interior. De la conversación interior. Pues el reino de Dios es paz y gozo en el Espíritu Santo , lo cual no se da a los malos. Toda su gloria y hermosura es en lo interior, y allí se complace. Su continua visitación es con el hombre interior; con él habla dulcemente, es grata su consolación, tiene mucha paz, y admirable familiaridad.

Pon en Dios toda tu esperanza, y sea él tu temor y tu amor. En el cielo ha de ser tu morada, y como de paso has de mirar todo lo terrestre. Guarda, no te apegues a cosa alguna, porque no seas preso y perezcas. En el Altísimo esté tu pensamiento; y tu oración diríjase sin cesar a Cristo. Si no sabes contemplar las cosas altas y celestiales, descansa en su pasión, y mora muy gustoso en sus sacratísimas llagas.

Cristo fue también en el mundo despreciado de los hombres, y entre grandes afrentas desamparado de amigo y conocidos, y en la mayor necesidad. Sufre con Cristo y por Cristo, si quieres reinar con Cristo. El que sabe vivir interiormente y tener en poco las cosas exteriores, no busca lugares, ni espera tiempos para darse a ejercicios devotos. El hombre interior presto se recoge; porque nunca se derrama del todo a las cosas exteriores, no le estorba el trabajo exterior, ni la ocupación tomada en tiempo necesario; sino que como suceden las cosas, se conforma a ellas.

Tanto se estorba uno y se distrae, cuanto atrae a sí las cosas del mundo. No hay cosa que tanto mancille y embarace al corazón del hombre, como el amor desordenado a las criaturas.